(ParaLosQueAmanDemasiado)



El concepto que se construye dentro de ese mundo llamado para los que aman demasiado es el paradigma de la

 realidad programada.

La dicotomía de la sinrazón y la conciencia.

Adentrarse en sus caminos es un deambular, por el bulevar de los casos perdidos, donde escaparates, 

ideados en el alma de lo infinito, muestran el estigma en la representación de sus testigos.


Ora amores perdidos otrora la quemazón de lo por venir a un corazón herido.


Y es el pecado y su castigo, la crueldad de la deidad inventada para el consuelo sin apodícticas necedades.


La despedida hecha conjetura de un deseo inacabado que tatúa en el pellejo de las mentiras disfrazadas 

un regusto amargo de saberse reo en la desidia del mortecino atavismo simulado en el día a día 

sin tener lo verdaderamente amado.


Lo que para algunos el mal de un condenado, para este lar el reñido y perpetuo sabor de la lasciva 

representación en carteles de espectáculo que enfrenta el ser al esclavo de sed en boca de un infestado de amor.





Y hay actos representados que confunden la vida y la muerte y el poder con el miedo.

Réprobo de la sazón de alquimia fraguada en su alma que difunde un dolor y una pena eternizadas en el espectáculo de los proscritos que entierran su miseria alrededor de candilejas.



Y ángeles guardianes de lo que un día fue un sueño enamorado, llave de un corazón perdido, suma de la frecuencia que marca un multiplicar desvelos por miradas furtivas, protectores de la vendimia que agasaja con anhelos desde la heteronomía de la voluntad.



El fetichismo hecho un juego en la estéril engañifa que promete al incauto besos a granel cargados de presente continuo.



Hay esperpentos dioramas de dulces atestados de sonrisas caducas, que prometen saciar en un bocado, y que sin embargo, siempre acaban en la irreverente nada.



Esa nada maldita y vetusta que queda en el cristalino de los envarados vanidosos que un día fueron la piel de las caricias y el abrigo de los “tequiero” del execrable corsario de las sonrisas sempiternas que hipnotizaban con falsos cantos el candor de lo deseado.



Allí… es allí donde se muestran tácitos paisajes del sabor de una soledad acallada y un verdor punzante para el recuerdo por donde deambulan retratos de vidas pasadas que dieron sentido para aquellos que amaron tal vez… una vez… demasiado… y es allí donde hay secretos que se esconden al final de los silencios y por eso no pueden oírse, condenados a sufrir una muda festividad donde si se pudieran escuchar sus gozos y satisfacciones se podría ver la pasión de su concupiscencia corpuscular.

Y es allí, en torno a ese tropel de escenarios que se confabulan con el perdón de los pecados donde se escucha una máquina construir a golpe de tic tac el futuro incierto de lo que puede ser lo más amado… porque, ¿quién le dice que no al tiempo?

Todo ello transgrede la relatividad acordada como norma y construye un referente imaginario basado en la pregunta inquietante que siempre tiene una respuesta transmutable. Quimeras quijotescas que ahondan en el cofre de los falsificados antojos sin conciencia que buscan íntimamente el grito que le haga ser patrón de un mensaje nuevo donde prodigar su carnavalesca idiosincrasia y sus miserias como hace el ser humano.



Paralosqueamandemasiado es la puerta a la anamnesis de lo que fue y quedó corrompido por las miradas cautelares que protegen la norma sin comprender que su asfixia es la generadora de la catarsis final donde la ceguera trasciende a la más hermosa de las miradas por propiedad distributiva y reconocen en cada uno de sus acechantes escaparates la verdad y los presagios postulados de los que en el ardor entregan su corazón a los retribuidos deseos.



Al abandonar el recinto nos despide un dios caduco y desfasado que entre susurros confiesa su adicción al juego por enmarañar los vestigios de las creencias desfiguradas y entonces… nos ofrece a la mano inocente el elixir de los sueños aletargados por si la vida nos trata con la crudeza del engaño, poder de nuevo volver a entrar y vivir en el pulso de sus condenados y así resarcirnos del veneno con que la realidad nos reta.